El Oso Frontino
(Tremactros ornatus)
Viste todo de negro, a excepción de las manchas blancas que presenta alrededor de los ojos, quijada y garganta, por las que merece el sobrenombre de Oso de Anteojos. Puede alcanzar Más de 1,5 metros (4,92 foot)  de altura y pesar hasta 140 kilos de peso (308 pounds), figura que alimenta casi exclusivamente de los vegetales que encuentra en su zona preferida para vivir: las selvas nubladas y tropicales húmedas de Los Andes y la Sierra de Perijá, de altos árboles donde abundan musgos, bromelias, orquídeas, palmas y helechos. En estos árboles trepa hábilmente para procurarse alimento o huir de sus enemigos, principalmente del hombre. También utiliza las copas de árboles frondosos para construir toscos nidos de ramas entrelazadas y colcha de hojas, donde habita las escasas semanas que permanece en un mismo lugar. 
El animal más grande de los bosques andinos y la única especie de oso que existe en Venezuela hace una vida solitaria, menos en la época de celo, cuando forma pareja hasta que la hembra decide que el alumbramiento se aproxima y que el macho debe alejarse para siempre de su cría, porque de lo contrario peligra la vida del recién nacido. 
Actualmente, a pesar de su imponente carácter y fuerza, el oso frontino desaparece lentamente de los territorios que domina, al mismo tiempo que avanza la tala de los bosques y el arado de los páramos, situación que se agrava con la cacería furtiva de que es víctima. 
 
HACEDOR DE SENDEROS 
El oso frontino es nómada y necesita caminar muchos kilómetros diarios para cubrir sus necesidades alimenticias; de allí que su existencia se vea amenazada cuando desaparecen las extensiones de bosques que interconectan el circuito de parques nacionales de la región andina. Según el estudio “Plan de Acción para el Oso Andino en Venezuela”, existe un oso por cada 25 kilómetros cuadrados, cantidad que es bastante baja, lo cual significa que la población total en el país no llega a 400 individuos. Por esta razón es considerada Especie Vulnerable, pudiendo estar dentro del status de Especie en Peligro. 
 
FUERTE Y GOLOSO 
El oso de anteojos está distribuido a lo largo de toda la cordillera andina, desde Bolivia hasta Venezuela. En nuestro país, su presencia comienza en los alrededores de Barquisimeto, en el Parque Nacional Terepaima, y continúa hasta el Táchira. A lo largo de este camino, el bosque aparece y desaparece, y en algunos lugares está más amenazado que en otros; por ejemplo, en las montañas de Lara y Portuguesa, los bosques frecuentemente son interrumpidos por cultivos de café y tubérculos, y si el oso se aventura por allí es probable que sea pieza de caza. “Nosotros –comenta Yerena- proponemos que existan más zonas protegidas, en las figuras de Refugio de Fauna o de Parque Nacional, para que se conecten el Parque Nacional Sierra Nevada y el Parque Nacional Sierra de La Culata; allí está la mayor cantidad de bosques y páramos. Se calcula que los osos frontinos necesitan de tres a cinco mil hectáreas para satisfacer sus necesidades de vida. De allí la necesidad de los corredores de bosque, para que puedan desplazarse entre diez y quince kilómetros diarios, sin agotar sus recursos alimenticios”. 
Proteger al oso tiene ventajas para todo su ecosistema, porque el proporcionar una buena calidad de vida al animal más grande del bosque implica proporcionárselo a todos los demás habitantes. También beneficia la preservación de los recursos hídricos, ya que los lugares donde vive son zonas críticas de la producción de agua, tierras donde abundan cabeceras de ríos como el Uribante-Caparo, Santo Domingo y Boconó, y garantiza la conservación de los paisajes de alta montaña, que es materia de interés para el turismo ecológico y de naturaleza. 
 
LABOR FRONTAL 
Gracias al carisma del oso también conocido como El Salvaje-, el proyecto logró calar muy hondo en el sentir de quienes habitan las montañas, por medio de un programa de concientización.  La campaña de información va dirigida más hacia el campesino que a la gente de la ciudad, porque en los páramos existe la creencia de que ataca a los animales de pastoreo, sin embargo, el oso utiliza esto como último recurso e incluso se han visto pastando al lado de las vacas sin atacarlas”. 
Otro de los factores que ha perjudicado al oso frontino en todas las regiones y pueblos andinos es la cantidad de mitos que se han tejido en torno a un tema central: El oso rapta a la bella aldeana y se la lleva a lo más profundo del bosque. Allí la esconde dentro o la sube a la copa de un árbol, donde la hace su esposa. La tiene en cautiverio muchísimo tiempo, durante el cual tiene un hijo: mitad hombre, mitad oso. Cuando éste crece se da cuenta que es más hombre que oso y rescata a la madre, matando al padre. 
El Proyecto de Conservación del Oso Frontino es un convenio entre Inparques y Banco Andino –junto a algunas otras instituciones que prestan su ayuda- y próximamente crearán un centro de reproducción en semi-cautiverio, ubicado en La Mucuy (cerca del Parque Nacional Sierra Nevada), donde la gente interesada podrá conocer al oso en su actividad natural y no preso como en los zoológicos. Estar dentro del medio ambiente del oso no resultará peligroso, porque estará aislado por un sistema de malla eléctrica invisible que impedirá el contacto directo. También habrá un centro de información, señalizaciones y guías. El santuario estará capacitado para recibir 80 mil personas al año. Allí también habrá una pareja con la finalidad única de producir oseznos, que serán aptos para vivir libres ya que durante su crianza no tendrán contacto con el ser humano. 

Revista Escape 1997

 

MEDIDAS DE CONSERVACIÓN DEL OSO FRONTINO EN VENEZUELA

La distribución del oso frontino es localizada y discontinua lo largo de las zonas boscosas montañosas del occidente del país, concretamente en la Cordillera de Los Andes. Esta Cordillera posee dos ramales divergentes y aislados, que se ramifican desde la Cordillera Oriental de Colombia. El primer ramal, en sentido norte, es la Sierra de Perijá, con aproximadamente 8.000 Km2 de vertientes boscosas, probablemente el refugio poblacional más importante para la especie en el país. El segundo ramal, en sentido noreste, es la Cordillera de Mérida, el cual posee alrededor de 13.300 Km2 de vertientes boscosas potenciales para osos, los cuales se encuentran actualmente fragmentados en 4 porciones o bloques silvestres: El Tamá (al suroeste), Central (en el eje de la Sierra Nevada), Dinira y Portuguesa (al noreste).

El intervalo altitudinal de esta especie en Venezuela va desde los 400 hasta los 4.300 m.s.n.m. Sierra de Perijá, Sierra Nevada y El Tamá, son las áreas donde con más frecuencia se observan osos a baja altitud. En el caso de Venezuela, se confirma una generalización observada también en los demás países andinos, acerca de la ubicación de la mayor parte de las localidades reportadas para el oso, por arriba de los 1.000 m.s.n.m.

No existen datos empíricos o de campo sobre estimaciones directas de densidades o números totales, que permitan arrojar conclusiones sobre el estatus poblacional de esta especie. El biólogo Edgard Yerena emprendió la tarea de estimar algunas densidades relativas en el bloque Central de la Cordillera de Mérida, en base al número de osos cazados en áreas relativamente confinadas y en base a estimaciones subjetivas de baqueanos y cazadores. Estos estimados arrojaron un promedio de 0,04 individuos/Km2, es decir 1 oso por cada 25 Km2. Esta densidad se considera bastante baja y, extrapolándola a la cantidad total de hábitats boscosos disponibles en este bloque Central, entre los estados Trujillo, Barinas, Mérida y parte del Táchira (459,872 ha.) dio un total de 183 individuos. Tomando en cuenta otros criterios, tales como estimaciones de densidad y área de vivienda teóricas, en base al peso promedio corporal de la especie, los resultados sobre el número posible de osos en este sector de la cordillera son muy variables y poco concluyentes, considerándose realista, sin embargo, un número inferior a los 1.000 individuos. 

Para el año 1992 la cantidad total de hábitat para el oso disponible en Venezuela se estimó en 21.400 Km2. En cualquier caso, aun hoy la cifra posible de osos en todo el país, puede que no exceda el millar de individuos. Su estatus puede considerarse entre "Vulnerable" y "En Peligro", según los criterios de la Comisión de Supervivencia de Especies (CSE) de la Unión Mundial para la Naturaleza (IUCN).  El gobierno lo cataloga como especie "En Peligro", según Decreto Nº 1486 de fecha 11/09/96 firmado por el Ministerio del Ambiente y de Los Recursos Naturales (M.A.R.N). Esta misma dependencia promueve la protección de la especie mediante su inclusión en el Decreto de Veda indefinida (Nº 1485 de fecha 11/09/96), el cual prohibe su cacería en todo el territorio nacional. Así mismo, el Libro Rojo de la Fauna Venezolana cataloga al oso frontino como "En Peligro".

La principal causa de la posible disminución poblacional de osos en Venezuela radica en la cacería furtiva. Se ha estimado un promedio de 2,47 osos cazados por año en los últimos 80 años, solamente en el tramo Central de la cordillera, donde probablemente no existan más de unos pocos centenares de individuos; ésta cifra con seguridad está subestimada con respecto a la realidad. La presión de caza, indudablemente está produciendo efectos muy negativos en las poblaciones silvestres. Las razones para su caza son esencialmente culturales y económicas. Dentro del primer grupo se considera primordialmente la valoración de la "hombría" asociada al cazador que da muerte a un oso, muy ligado al miedo que inspira el animal por su tamaño y aspecto. Igualmente, dentro de estos aspectos culturales, se aprecia la cacería para el aprovechamiento de ciertas partes del animal, tales como grasa, huesos, báculum (hueso peneano) y sangre, con fines mágico-curativos. También se tiene la apreciación de que el aprovechamiento de su carne comestible es una razón importante para su cacería, la cual es "oportunista" y generalmente no planificada. Los cueros y garras, son generalmente conservados como trofeos de valor secundario y como prueba de la cacería. Se estima que un oso muerto puede generar ingresos relativamente importantes para un campesino pobre. A pesar de esto, no se ha detectado algún tráfico comercial de sus partes, que tenga cierta relevancia. La razón económica de su cacería, específicamente se refiere a la eliminación de osos acusados de ser depredadores de ganado vacuno y ovino, los cuales eventualmente pueden causar importantes pérdidas, especialmente a pequeños ganaderos del páramo.

La pérdida de hábitat puede considerarse como la segunda causa más importante que amenaza a las poblaciones de osos, las cuales actualmente están confinadas a los espacios naturales que han escapado a la actividad agropecuaria humana. Con la llegada de los colonizadores europeos, a comienzos de los años 1.500, se comenzó un proceso de contracción de las áreas silvestres, especialmente las ubicadas en los valles intramontanos, terrazas y en general, aquellas con climas moderados y estacionales (bosques semidecíduos y siempreverdes). El máximo de expansión agrícola en los Andes Venezolanos puede haberse alcanzado en las primeras décadas del presente siglo, presentándose un fenómeno de recuperación de áreas intervenidas, a partir de la década del 40. Sin embargo, las selvas húmedas del piedemonte de la cordillera, tanto de la vertiente del llano como en la del Lago de Maracaibo, las cuales probablemente fueron hábitats de osos, experimentaron por primera vez en los años 50, una rápida y fuerte transformación hacia plantaciones y potreros ganaderos. Esta pérdida se ha estimado en el piedemonte llanero en 12.890 Km2. o 67,5% del bosque original. Actualmente la agricultura está creciendo nuevamente, intensificándose en las áreas tradicionales y reincidiendo en zonas abandonadas, debido a la nueva rentabilidad de la actividad.

Una amenaza a corto plazo más concreta que la pérdida directa de hábitat lo constituye la fragmentación y consecuente aislamiento de sectores boscosos. Esto es particularmente patente en la Sierra de Portuguesa, Dinira y El Tamá.

Para el año 1986 existían solo cinco (5) parques nacionales en el intervalo de distribución del oso frontino: 1- Sierra Nevada, 2- Yacambú (para entonces con 14.580 has.), 3- Terepaima, 4- Sierra de Perijá y 5- El Tamá. En el año 1985, a raíz del inicio de los primeros trabajos de campo sobre ecología y conservación de esta especie a cargo de los biólogos Edgard Yerena e Isaac Goldstein, así como de los resultados de las iniciativas de divulgación acometidas por diferentes organizaciones, se logró incrementar el área protegida al número actual de doce (12( parques nacionales en el intervalo de distribución del oso frontino.

Estos nuevos parques fueron en orden cronológico: 6- Guaramacal (1988), 7- Dinira (1988), 8- Páramos El Batallón y La Negra (1989), 9- Chorro El lndio (1989), 10- Sierra de La Culata (1989), 11 - El Guache (1992) y 12- Tapo-Caparo (1993).

Parques Nacionales de la Cordillera Andina en Venezuela.

Parque Nacional

Superficie (ha)

Estados

Intervalo Altitudinal (m.s.n.m.)

Yacambú

24.580

Lara

1.400-2.160

Terepaima

18.650

Lara, Portuguesa

300-1.675

Dinira

45.328

Lara, Trujillo, Portuguesa

1.400-3.500

Guaramacal

21.000

Trujillo, Portuguesa

1.500-3.100

Guache

12.200

Portuguesa, Lara

800-1.700

Sierra de La Culata

200.400

Mérida, Trujillo

800-4.700

Sierra Nevada

276.446

Mérida, Barinas

300-5.007

Tapo-Caparo

205.000

Barinas, Mérida, Táchira

400-2.800

Páramos El Batallón y La Negra

95.200

Mérida, Táchira

1.200-3.900

Chorro El Indio

17.000

Táchira

800-2.600

El Tamá

139.000

Táchira, Apure

320-3.500

Sierra de Perijá

295.288

Zulia

200-3.500

Un enfoque de mantenimiento de la integridad ecológica a largo plazo, ha prevalecido en el diseño de éstas áreas silvestres protegidas, habiéndose considerado muy especialmente las necesidades ecológicas del oso frontino. En este sentido, varios de los anteriores parques nacionales han sido conjugados de manera tal que sus límites sean contiguos, generándose así las siguientes grandes unidades de conservación: A) Tapo Caparo - Sierra Nevada - Sierra de La Culata; B) Páramos El Batallón y La Negra - Chorro El Indio y C) Yacambú - El Guache. Además, dos parques nacionales hacen frontera internacional con otros dos parques nacionales de la República de Colombia, generándose dos grandes unidades de conservación fronterizas, claves para la conservación de la especie: D) Sierra de Perijá (Ven.) - Catatumbo-Barí (Col.) y E) El Tamá (Ven.) - Tamá (Col.).

En los últimos 10 años la imagen del oso frontino  ha experimentado un incremento vertiginoso como símbolo de conservación. De ser una especie absolutamente desconocida a nivel del gran público, ha pasado a ser un símbolo emblemático del conservacionismo, nombrado incluso con cierta frecuencia por los políticos. Esto se ha logrado con un modesto, pero efectivo impulso inicial de divulgación y sensibilización conducido por la organización pionera PROVITA, junto a FUDENA, lNPARQUES, Universidad de Los Andes, Empresas Polar, diversas empresas de Petróleos de Venezuela, Gobernación del Estado Mérida, CREE, Brigada Conservacionista Tremarctos ornatus y más recientemente, la Fundación AndígenA, la cual lidera las iniciativas actuales de conservación de la especie. Se ha recibido, igualmente, el apoyo de organizaciones internacionales como Wildlife Conservation Society (WCS), Lincoln Park Zoological Gardens, Jersey Wildlife Preservation Trust, People's Trust for Endangered Species, Calgary Zoological Society, Fondo para la Protección de Los Animales Salvajes (FAPAS) y Cleveland Metroparks Zoo. Como parte de esta estrategia se han producido afiches, folletos, franelas, artesanías, programas de radio y televisión, foros, conferencias, etc. Se ha generado un efecto de "bola de nieve" que ha llevado a numerosas empresas, gremios, organizaciones conservacionistas, etc., a difundir la imagen del oso frontino como un símbolo de la identidad andina. Documentales en la T.V. nacional, programas radiales, cobertura por prensa y hasta comerciales de televisión han sido realizados en torno a su figura.

En 1997, el gobernador del Estado Mérida decretó oficialmente al oso frontino como unos de los símbolos ambientales regionales.

En 1994, un grupo Ad Hoc de especialistas en oso frontino en Venezuela elaboró un Plan de Acción para la conservación de esta especie. Las acciones que propuso dicho documento estuvieron enmarcadas dentro de un gran objetivo fundamental: proponer una estrategia que contribuya a asegurar la conservación del oso frontino a nivel nacional. Para esto se plantearon tres objetivos fundamentales:

1.- Disminuir y minimizar la cacería furtiva: Para el logro de este objetivo es necesario reforzar los mecanismos y la capacidad operativa para combatir el furtivismo en el terreno. Esto debe realizarse con personal especialmente entrenado y equipado, y con aptitud para el trabajo en zonas agrestes. Debe efectuarse dentro de un ambiente de cooperación e información hacia la población campesina, logrando el respeto por la autoridad, acompañándose ésta con una labor pedagógica. A los programas de protección y guardería de las distintas áreas protegidas, debe dársele máxima prioridad dentro de los planes de manejo. Estas actividades deben ir acompañadas de sugerencias sobre practicas alternas a la cacería, como por ejemplo el ecoturismo. La población local debe percibir beneficios reales y tangibles derivados de una actitud conservacionista hacia la fauna y los recursos naturales en general. Se deben aplicar políticas que disminuyan los conflictos oso-hombre, especialmente en el caso de la ganadería extensiva de páramo; para ello deben fomentarse diferentes modos de producción de la ganadería que minimicen la competencia por el páramo como área de pastoreo. Del mismo modo debe pensarse en iniciar programas de compensación por pérdidas comprobadas de ganado causadas por los osos. Actualmente, Denis Torres adelanta una investigación (Ganadería de Montaña en Hábitats de Grandes Carnívoros. Cuenca del Río Nuestra Señora, Estado Mérida, Venezuela) en la Universidad de los Andes que aportará información y soluciones al respecto.

2.- Incrementar los niveles de conciencia pública : la sociedad venezolana, en todos sus niveles, debe apreciar y apoyar las iniciativas de conservación de esta especie, con pleno conocimiento de todos los beneficios tangibles que se derivan de ello: la producción de agua y energía hidroeléctrica, la conservación de cuencas, el turismo, el ordenamiento territorial, el mantenimiento de la biodiversidad. Para ello deben utilizarse todos los recursos disponibles para una difusión masiva y efectiva, con especial énfasis en medios de gran alcance como el radial. Esa difusión debe llevarse de forma intensiva y de educación formal e informal, especialmente a la población campesina que convive dentro y en los alrededores de los hábitats del oso frontino. Aquí deben localizarse los esfuerzos mayoritarios a fin de apoyar el logro de los dos primeros objetivos de este plan de acción. El logro de la conservación del oso es clave para la identidad andina de Venezuela. Esta faceta puede establecer un objetivo común de integración con el resto de los países andinos, el cual puede ser muy positivo en el campo de la cooperación técnica y científica a nivel inter-regional.

3.- Desarrollar las capacidades para un manejo integral de las poblaciones en cautiverio: Este objetivo tiene un doble propósito, por una parte apoyar las estrategias de conservación in situ y ex situ, y por otra, contribuir al logro de los objetivos de educación. Paralelamente a los esfuerzos del mantenimiento de las actuales poblaciones silvestres, debe generarse un reservorio genético en cautiverio, así como de tecnologías que permitan un eventual reforzamiento de dichas poblaciones, lo cual puede ser una necesidad perentoria a mediano o largo plazo. Los parques zoológicos deben entrar a jugar un papel más activo en la promoción de la conciencia y la educación conservacionista de esta especie, debiendo ser particularmente activos en este objetivo los parques ubicados en el área de distribución de la especie. Debe profundizarse la cooperación internacional en el campo del manejo en cautiverio e insertarse en las coordinaciones internacionales que existan para el manejo ex situ de esta especie.

Universidad de Los Andes